miércoles, 8 de agosto de 2012

ventajas



ventajas de estudiar en la universidad


El auge mundial de la educación universitaria y de postgrado ha servido para aumentar los ingresos y mejorar las condiciones de vida de quienes han podido acceder a este tipo de formación. En este sentido, Gary Becker, profesor de Economía y Sociología de la Universidad de Chicago y Premio Nobel de Economía, explicó durante una de sus ponencias a alumnos MBA correspondientes a la serie que basta “con retar a una persona a que indique un aspecto significativo del comportamiento humano en que los graduados universitarios tengan peor rendimiento que aquellos que no han atendido a la universidad”.

Desde su punto de vista las personas con educación universitaria llevan una vida más sana en todos los aspectos, sus hijos consiguen llegar más alto, responden mejor a las crisis y hacen un mejor uso de sus recursos financieros. Para Becker estas ventajas son fruto de la combinación de una serie de factores que potencia la universidad. Aquí se incluye un mayor énfasis en el conocimiento e información acerca de la economía que hace 30 años.

                                           




“La educación superior crea individuos mejor preparados para comandar e invertir en conocimiento e información en comparación con quienes no tienen ese grado de formación. Conforme avanza el grado de formación se adquieren más habilidades para procesar, evaluar y actuar en base a esa información”, indica el profesor. En este sentido recalca que se trata de un factor intangible y precisa al respecto que “por ejemplo, una diplomatura o licenciatura universitaria te permiten usar y procesar mejor la información a tu alcance”.

Parte de esta teoría se sostiene en datos que indican que la tasa de retorno de beneficios para los universitarios es cercana al 10% en el caso de los hombres. Si se incluyesen otros aspectos como la salud el porcentaje se elevaría hasta el más allá del 15% tanto para hombre como para mujeres. En este caso también se tendría en cuenta “el valor de la salud, esperanza de vida y otros beneficios. La universidad paga muy bien en término medio y no sólo en forma de ganancias salariales”.

Becker considera que este tipo de desigualdades pueden no ser del todo positivas si se tiene en cuenta el conjunto global de la sociedad, aunque prefiere pensar que “una alta tasa de retorno sobre el capital humano es buena”. El Premio Nobel de Economía de 1992 precisa que la inversión en educación superior ha crecido notablemente en los últimos o por la gran pregunta o problema es “¿por qué no aumenta el número de personas que accede a esta formación? ¿Cómo podemos hacer que más personas se beneficien de ella?”.

Becker cree que en realidad no es tan difícil tratar de alcanzar esos objetivos y de hecho plantea una serie de medidas generales para aumentar el número de universitarios. En este sentido, consideraría positivo crear un cupón gubernamental para que los estudiantes pudieran ir a una escuela de su agrado, o pagando más a los buenos profesores. Además, también plantea la necesidad de debilitar los sindicatos de profesores e invertir más en educación a edades tempranas, así como impulsar la vida familiar. Desde su punto de vista, este último es el reto más difícil de conseguir, ya que es difícil encontrar medias específicas en ese campo. Sin embargo, también considera que las deficiencias en el ámbito familiar son una de las claves para explicar la falta de preparación de los preuniversitarios para hacer frente a la educación superior.

Otro de los campos de actuación pasa por aumentar la capacidad de endeudamiento de los estudiantes y, sobre todo, su acceso a la financiación. En palabras de Becker “es una buena inversión. Cuando un estudiante dice que debe 100.000 dólares por su educación universitaria yo suelo contestarles ‘¿Y qué? Es relativamente poco en relación a los beneficios que recibes’. Creo que no está bien plantear que los estudiantes deberían terminar la universidad sin deudas, es como decir que no deberías pedir prestado dinero para comprar una casa”.






Desventajas de estudiar en la universidad




La presión producida disminuye tu rendimiento intelectual, ya que para lograr una concentración óptima debes estar relajado; y la concentración es la base para un rendimiento eficiente en el estudio, donde puedas percibir un buen nivel de avance. Es decir, la presión dificulta tu concentración. Yo creo que ya has experimentado esa sensación de inacción producida por la presión, al ver que lo que debes estudiar no es posible terminarlo en el tiempo que te queda, esto produce que te distraigas fácilmente como una manera de evitar comenzar a estudiar, y finalmente, optas por hacer lo que puedes y no lo que debes. Demás está decir, que todo esto se refleja en tus resultados, que pueden llevarte a conclusiones erróneas sobre tu habilidad para el tema que estudiaste; puedes pensar por ejemplo: “soy malo para la Economía”, pero de seguro, en lo más profundo de tu mente tú sabrás la verdad sobre tu rendimiento.Lo que aprendes en una sesión de estudio exprés (a última hora), no lo retienes por mucho tiempo, porque el cerebro no puede digerir tanta información en un tiempo muy corto. Mientras duermes, tu cerebro analiza y almacena en tu memoria de largo plazo, la información más importante que has recibido durante el día, que está temporalmente guardada en tu memoria de corto plazo; y en este proceso desecha aquello en que no te has detenido mucho tiempo, porque la información no estará muy clara. Por lo tanto, si de verdad quieres aprender lo que estudias, y tienes interés por fijar la información en la memoria de largo plazo, debes estudiar todos los días una parte de los contenidos que tienes que aprender. Y la única forma de hacer esto es manteniendo el hábito de estudiar al menos tres horas de lunes a viernes todos los días, dejando el sábado, y excepcional-mente el domingo para adelantar lo atrasado.



                                                  





Estudiar una carrera o aprender un oficio


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El mundo moderno exige estar preparados. ¿Para qué? Para lo que pueda venir. Es con esta idea que nos preparamos en las mejores universidades, aprendemos idiomas y pagamos másters de perfeccionamiento. Todo ello es porque apostamos a la universalización y sumamos nuestro voto a la creencia de que el idioma Inglés es la lengua universal que todos debiéramos hablar, además de nuestra lengua natal, para poder comunicarnos y hacer negocios con el mundo.
Probablemente, el éxito de nuestra carrera profesional o de nuestra empresa dependerá de que le pongamos o no límites territoriales, culturales o lingüísticos y ello lo vemos en la creciente tendencia de las grandes empresas a contratar, cada vez más, personas de diferentes, religiones, culturas, etnias, idiomas, etc. Se apuesta a la diversidad como fuente de información.
Misma diversidad que no siempre nos guía en la elección de nuestro futuro profesional y que suele llevarnos, recurrentemente, a intentar apuestas sencillas, en campos saturados donde, cuando estemos preparados para competir, la lucha será mucho más popular y difícil que lo que ya lo es hoy.
A decir verdad, mucho hemos hablado de las profesiones que ya no consigen empleo, porque existen demasiados titulados; en otras ocasiones, esta abundancia de profesionales redunda en un desmejoramiento salarial o, lo que es demasiado frecuente, en una sub ocupación.